¿Te gustaría que esta historia tome un rumbo diferente o prefieres desde una perspectiva poética?
—Aún me gusta —respondió la señora, sintiendo un nudo en la garganta—. Pero el mundo se ha vuelto más grande y, a veces, más pesado de lo que imaginamos. NiГ±a y SeГ±ora
La niña del reflejo sonrió, una sonrisa sin dientes frontales pero llena de luz.—He estado esperándote. ¿Aún te gusta el olor de la lluvia? ¿Te gustaría que esta historia tome un rumbo
Elena caminaba por el sendero de su infancia, aquel que olía a pinos y tierra mojada. A sus sesenta años, sus pasos eran lentos pero seguros, marcados por el ritmo de una vida bien vivida. Al llegar al viejo manantial del pueblo, se sentó en una piedra desgastada y miró el agua cristalina. La niña del reflejo sonrió, una sonrisa sin
Se levantó de la piedra, se arregló el abrigo y retomó el camino hacia el pueblo. Caminaba como una , con la elegancia que dan los años, pero en su interior, la niña seguía saltando charcos, recordándole que nunca es tarde para volver a empezar.
Elena cerró los ojos. Por un instante, sintió que la seriedad de sus responsabilidades y los inviernos de su memoria se suavizaban. Al abrirlos, el reflejo volvía a ser el de una mujer madura, pero sus ojos ahora brillaban con la misma chispa traviesa de la pequeña.